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martes, 9 de julio de 2024

9 de julio

Día de la Independencia


Las sesiones del Congreso se iniciaron el 24 de marzo de 1816 con la presencia de 33 diputados de diferentes provincias, donde luego de varios meses, acordaron firmar la proclama que expresaba la voluntad de emancipación y la creación de un gobierno soberano e independiente.Esto además le permitió a San Martín avanzar con su ejército en el cruce de los Andes, algo que ansiaba para poder llevar adelante la independencia de los pueblos sudamericanos. La proclama de la Independencia le dio el aval para salir del territorio con un ejército que no fuera considerado rebelde.

"Si San Martín salía de los límites de nuestro país con sus soldados, podían ser considerados rebeldes y ser fusilados; pero si llegaba a otros territorios con un ejército de una nación soberana, el trato era otro, y eso le permitía avanzar con su plan libertario", resumió el autor de "Historias de corceles y de acero" y "Romances turbulentos de la historia argentina", entre otros. 

¿Qué significa ser soberanos?

“Nuestro país tiene dos fechas relevantes: mayo de 1810, donde nos volvimos autónomos, y julio de 1816, donde además nos volvimos soberanos”, detalló el Balmaceda.

"La Revolución de Mayo logró la ruptura de los lazos coloniales con España, algo que logró cristalizar un movimiento liberador que tuvo incidencia en Buenos Aires, no en las provincias. Pero en 1816 se dio una gesta más amplia, que involucraba a las provincias y que hermanó a los pueblos del país en una intención: la soberanía, la emancipación, la independencia", resumió.

                      La Declaración de la Independencia

Tras un consenso, los congresales reunidos en Tucumán, aquellos días de julio de 1816, firmaron la redacción de la independencia, cuyo original está desaparecido y lo único que hay de aquella jornada, son copias del acta. La que se encuentra en el Archivo General de la Nación, se trata de una copia realizada a fines del mes de julio de 1816, poco después de la firma: 

"Nos los representantes de las Provincias Unidas en Sud América, reunidos en Congreso General, invocando al Eterno que preside al universo, en el nombre y por la autoridad de los pueblos que representamos, protestando al cielo, a las naciones y hombres todos del globo la justicia, que regla nuestros votos, declaramos solemnemente a la faz de la tierra que, es voluntad unánime e indudable de estas provincias romper los violentos vínculos que las ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojadas, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli".

"Quedan en consecuencia de hecho y de derecho con amplio y pleno poder para darse las formas que exija la justicia, e impere el cúmulo de sus actuales circunstancias. Todas y cada una de ellas así lo publican, declaran y ratifican, comprometiéndose por nuestro medio al cumplimiento y sostén de esta su voluntad, bajo el seguro y garantía de sus vidas, haberes y fama".


 

lunes, 8 de julio de 2024

Leemos juntos

 Título: La Odisea

Autor: Homero

Resumen

V

Nuevos peligros

Ulises guardó silencio sobre los siguientes peligros que acecharían a su tripulación, pues era temible pasar a través de Escila y Caribdis.
Temía que, si les contaba a sus hombres acerca de esos terribles monstruos, se aterrorizaran, dejarían sus remos y se arrojaran al mar. Así fue que mantuvo en secreto las advertencias de Circe.
Luego de abandonar las rocas erráticas, la nave debía pasar por un lugar muy angosto. A cada lado del mismo se levantaban dos rocas altísimas.
A la izquierda se elevaba una de ellas, de color negro, brillante y resbaladiza como mármol pulido, nadie podía treparla. Aún en los días más hermosos estaba cubierta por una nube negra. En frente tenía otra gran roca.
En esta roca negra y dentro de una cueva oculta, vivía Escila. Un monstruo fantástico con doce patas y seis cabezas de cuyas bocas asomaban afilados colmillos. Ladraba día y noche sin parar como un perro rabioso. Devoraba a cuanto animal pudiera acercarse y cada vez que un navío atravesaba el lugar se hacía un banquete, ya que cada una de sus cabezas podía engullir un marinero rápidamente.
Frente a la roca que servía de morada a Escila, se encontraba otra roca altísima a cuyo pie crecía un árbol muy tupido. Entre sus raíces, había una cueva y allí vivía Caribdis, otro terrible monstruo. Caribdis absorbía el agua del mar tres veces por día, haciéndola penetrar en su cueva. Luego lo devolvía otra vez al mar, pero todo lo que penetraba en la cueva, Caribdis lo despedazaba.
La hechicera Circe le había advertido: Tienes que elegir Ulises, entre la suerte de pasar al lado de Caribdis sin problemas pero con probabilidad de destrucción total, o por otro lado acercarte a Escila te hará mucho daño pero podrás continuar. Escila es inmortal y no la vencerás. Lo único que puedes hacer es huir a todo remo, lo más veloz posible.
Como el mar estaba tranquilo, intentaron pasar el paso angosto y cuando el barco estaba atravesando las rocas los marineros notaron el remolino de Caribdis y se acercaron a Escila para salvar la nave. Ulises, al oír los ladridos de Escila, se calzó la armadura y se ubicó en la proa de la nave, esperando que asomara sus cabezas, con la intención de enfrentarla.
Pero Escila era muy fuerte, lanzó sus seis cabezas y con un solo movimiento arrebató a seis marineros del puente. Los hombres gritaban y lloraban extendiendo sus brazos, suplicando ayuda sin que sus compañeros pudieran hacer cosa alguna para liberarlos de tan fatídica muerte.
Consiguió el barco de Ulises sobrepasar a Escila, pero el triste espectáculo de ver a sus compañeros morir dejó a los marineros en una profunda tristeza y la desolación. Habían perdido unos amigos y además conocían que las víctimas habían podido ser ellos.
Con el pesar de los hombres de Ulises, el barco se alejó de las rocas de Escila y Caribdis en busca de su añorada Itaca.
Tras pasar por el estrecho de Escila y Caribdis, y después de varios días de navegación, vieron una bonita isla llena de prados, cubierta de verde hierba donde pastaban con tranquilidad rebaños de vacas y ovejas.
Ulises reconoció que se hallaba ante la isla que guardaba los rebaños del Sol, de la cual la bella hechicera Circe le había hablado que si él o sus hombres matan una sola de las vacas del sol, una maldición caerá sobre la nave y sus marineros y aunque logres salvar tu vida, tus compañeros morirán y si logras volver a Itaca, lo harás en un estado lamentable.
Ulises quiso seguir de largo pero algunos de sus hombres comenzaron a protestar estamos cansados y agotados, necesitamos unos días en tierra. El resto de los hombres se unió a la protesta y Ulises no tuvo más remedio que aceptar sus reclamos. Pero antes de desembarcar les hizo prometer que no tocarían ni una oveja ni una vaca del Sol.Las vacas del dios Helios
Los hombres le aseguraron que no tocarían los rebaños, ya que la hechicera Circe les había regalado abundantes provisiones para abastecerse durante mucho tiempo.
Esa misma noche se desató un terrible tormenta que duró más de un mes. Con el correr del tiempo las provisiones comenzaron a escasear y comenzaron a padecer hambre. La isla si bien era hermosa, ni la caza ni la pesca era suficiente como para satisfacerlos.
Un día en que Ulises se internó en el bosque, Euriloco, el cuñado de Ulises, comenzó a instigar a los hombres diciendo:- hemos sufrido toda clase de desgracias, pero no comprendo por qué tenemos que padecer hambre tambíen mientras pastan a nuestro alrededor todas estas magnificas vacas.
Podríamos sacrificar algunas terneras con la promesa de construir un gran templo al Sol ni bien lleguemos a Ítaca.
Los hombres, que ya venían arrastrando la escasez de alimento durante varios días se plegaron a la propuesta de Euriloco sin pestañear. Rápidamente prepararon el fuego algunos y otros sacrificaron unas terneras a las que asaron y luego se dieron un festín acompañado por el vino que les quedaba.
Ulises, que se había quedado profundamente dormido, en medio del bosque, despertó sintiendo un fuerte olor a carne asada y corrió hasta donde acampaban sus hombres. Allí, horrorizado comprobó que el daño ya estaba hecho y no había nada que pudiera hacer para remediar el mal.
Todos fueron testigos del más horripilante acontecimiento. De la carne de las vacas asadas, surgían mugidos de dolor y los cueros que habían quedado, se contorneaban y retorcían, mientras por todas partes se escuchaban tristes lamentos de vacas.
Al cabo de seis días, el tiempo mejoró y Ulises decidió que era el momento de zarpar y alejarse de la isla.
Cuando se encontraron en alta mar, una nube negra se posó sobre la nave y parecía que la tempestad estaba dirigida exclusivamente a ella. Un rayo partió el mástil en dos y al caer arrastró al timonel hacia las aguas embravecidas del mar, al mismo tiempo comenzó a prenderse fuego, la nave giró hacía un costado y todos los hombres, excepto Ulises, cayeron al mar.
El héroe de Troya se aferró con todas sus fuerzas a lo que quedaba de la nave, sin poder luchar, solo dejándose llevar por las enfurecidas aguas.
Los vientos huracanados, hicieron retroceder la nave nuevamente, hasta donde se encontraban los peligrosos monstruos de Escila y Caribdis. Cuando Caribdis con su remolino, comenzó a tragar las aguas y a la destruida nave, Ulises, de un salto, se aferró a una rama del árbol que se hallaba a la entrada de la cueva de Caribdis, y, cuando el monstruo, devolvió la nave al mar, de un salto. Se aferró a lo que quedaba del mástil, logrando sortear esa contingencia con éxito. Escila, por suerte, no salió de su cueva y pronto, Ulises se vio liberado de esos dos peligros.
Pronto se encontró Ulises, solo en alta mar a merced de los vientos, viendo más lejana la posibilidad de volver a su patria con vida.
Cuando ya no podía más, cuando se abandonaba a la voluntad de los dioses, el trozo de mástil chocó contra la orilla de una isla. 
Esta isla pertenecía a la hermosa diosa Calipso a quien temían todos los hombres.

lunes, 1 de julio de 2024

Leemos juntos

Título: La Odisea

Autor: Homero

Resumen:  

IV

Ulises y las sirenas

Ésta era una isla bellísima, solitaria en medio del océano habitada por sirenas, éstas eran crueles y permanecían sobre la pradera o la orilla del mar, cantando dulcísimas y atrayentes canciones. Los marineros que pasaban por ahí no podían resistir la tentación. Los barcos golpearían las rocas que cubrían el mar, cayendo los marineros al agua y siendo fácilmente vencidos por las ágiles sirenas para luego ser devorados en tierra. A las sirenas le gustaban guardar las calaveras como trofeos de sus victorias antes los hombres.
Cuando Circe le mostró el mapa a Ulises le advirtió expresamente sobre las sirenas y le comento que el hombre que escuchara la canción de las sirena, nunca volvería a salir de la isla ya que no regresaría y no podría encontrase con sus seres queridos que lo esperaban.
El barco de Ulises se acercaba rápidamente a la isla de las sirenas, impulsado por una suave brisa, pero las sirenas que también conocían un poco el arte de la magia con un conjuro pararon el viento y los hombres tuvieron que remar para poder avanzar aunque fuera lentamente..
Como un vago eco a la distancia resonaba un canto, Ulises conociendo donde estaba rápidamente tapó los oídos de sus hombres con cera  y luego les ordenó que lo amarraran con fuerza al mástil del barco y que por más que gritara y suplicara no lo desataran por nada del mundo. Luego les dio instrucciones de remar sin parar para ir escapando de la isla y dejarla atrás.
El barco comenzó a deslizarse junto a la isla y las sirenas cantaban más fuerte sus canciones para atraerlos. Ellas sabían quienes eran los viajeros y le gritaban con voz preciosa – Ulises acércate, ven a escuchar nuestras canciones. Ven, Ulises vencedor en Troya te cantaremos lo que desees.
Ulises sucumbió al poder de las voces y sintió una imperiosa necesidad de acudir a ellas. Además, podía ver a las hermosas sirenas, tendidas en las costas de las islas, algunas sobre la arena de la playa, otras entre las flores al borde del mar y otras sobre rocas. Ulises, lloró de desesperación, grito, pataleó, rogando a sus hombres que lo dejaran libre para reunirse con ellas.
Como los hombres tenían sus oídos tapados con cera no sufrieron el efecto del hechizo de la voz de las sirenas y en vez de soltar a Ulises, lo ataron con más fuerza contra el mástil mientras él luchaba con todas sus fuerzas para soltarse.
Los marineros asustados remaron con tanta fuerza, que pronto se encontraron lejos de esa traicionera y peligrosa isla. Una vez en alta mar con Ulises recuperado, los marineros desataron a Ulises y se quitaron los tapones de los oídos. Habían conseguido pasar otro reto en su odisea, la isla de las sirenas.
Pero les aguardaba otro de los numerosos peligros que Circe le había advertido: Las Rocas Erráticas, unas rocas que se movían en medio del mar y con las que se podía encallar fácilmente por no decir hacer zozobrar los barcos.
Los marineros estaban aterrorizados, pero no les quedaba más remedio que pasar a través de ellas, pues el viento las llevaba hacia estas rocas erráticas.
Ante el peligro que los esperaba Ulises utilizo les habló y animó a sus compañeros: -No se desanimen hombres de Ítaca. Hemos atravesado muchos peligros. Recuerden al temible Polifemo. Pensamos que moriríamos y aquí estamos. Solo cumplan mis órdenes y verán que todo saldrá bien.
Circe, la hechicera le había aconsejado: Cuando deban atravesar las rocas erráticas, deben hundir los remos en el agua a gran velocidad y al mismo tiempo controlar el timón para que la nave se mantenga en línea recta, aunque parecieran que iban a chocar con alguna roca.
Esto fue lo que indicó Ulises y lograron sortear el peligro.







martes, 25 de junio de 2024

Leemos juntos

 Título: La Odisea

Autor: Homero

Cap. III

Ulises y Circe

Tras escapar de las tormentas enviadas por Poseidón como castigo, Ulises y sus hombres fueron a parar a la isla del Dios Eolo. Dios que dominaba los vientos. 
Ulises fue agasajado por Eolo, permitiendo descansar y reparar sus barcos por unas semanas.
Pero llego una ocasión donde Ulises le dio pidió a Eolo que les permitiera marchar pues llevaban varias semanas viviendo a su costa  y ansiaban ver a su familia. Eolo, entendió la situación y les permitió marchar, le dio un regalo, una bolsa de cuero de buey, donde había encerrado a todos los vientos y lo ató con un hilo de plata, solo dejo fuera al viento que lo llevaría hacia su tierra Ítaca.
Ulises se despidió muy agradecido del viejo Eolo, decidió descansar y se fue a dormir.
Los hombres de la tripulación empezaron a hacerse todo tipo de preguntas y cuestiones entre ellos. Algunos decían que llevaba un tesoro formidable y que no quería compartir con nadie. Los hombres cada vez más curiosos se acercaron a agarrar la bolsa de los vientos y con mucha premura lo abrieron para satisfacer su curiosidad, lo cual provoco unas grandes ráfagas de vientos los cuales levantaron grandes olas y tormentas que por unas horas de rápida navegación a la deriva los llevo de vuelta a la isla de Eolo.
Los hombres arrepentidos pidieron a Ulises que hablara de nuevo  con el dios de los vientos y éste así lo hizo, pero  el trato de Eolo ya no fue el mismo. Eolo estaba escandalizado y triste por haber desaprovechado tal oportunidad de volver a casa, además si lo habían devuelto hasta su isla es porque los dioses estaban bastante enojados.
Ulises volvió a su barco abatido, sin conocer que rumbo tomar en busca de su ansiada tierra, esperando las adversidades que les enviarían los dioses contrarios a él.
Tras los tristes hechos de su pasada aventura y con solo un barco, abatidos por lo vivido, Ulises y sus marineros navegaron varios días hasta llegar a la isla Eea. Ulises pudo observar una columna de humo, era un signo de que alguien vivía allí y podría ayudarlos a conseguir provisiones.
Los hombres estaban temerosos y por ello se negaron, pero ante la insistencia de Ulises terminaron por acatar las órdenes.
Nombró a Euriloco jefe de la expedición y se internó en la isla con varios hombres. Luego de atravesar un bosque, se encontraron frente a un majestuoso palacio de piedra blanca pulida. En los alrededores del palacio, se paseaban gran cantidad de leones y lobos mansos como corderos juguetones, que al observarlos los rodearon festejando la llegada de los visitantes.


Al acercarse al palacio, oyeron a una mujer cantando con una voz tan melodiosa que los dejó paralizados. Los hombres golpearon la puerta y la hermosa maga Circe les abrió, invitándolos a pasar.
Todos quedaron admirados de su hermosura y pese a las reticencias por lo ocurrido con la hija del gigante decidieron entrar. Circe, llevo a sus invitados a un lujoso salón donde los agasajó con suculentos manjares los hombres tenían tanta hambre que Circe les ofreció más comida, pero esta vez añadió un brebaje para hacerlos perder la memoria. Luego los tocaba con su varita mágica convirtiéndolos en cerdos para llevarlos a una pocilga.
Al recobrar la memoria los hombres se sintieron muy desdichados pues, aunque quedaron convertidos en cerdos físicamente, su inteligencia continuaba siendo humana. A los días Euriloco logró escapar y se fue corriendo a la playa donde esperaba Ulises.
Ulises, tras ver la desesperación de su cuñado por la forma que habían adquirido sus hombres. Buscó su espada y su arco y le pidió a Euriloco que le indicara el camino hacia el palacio de Circe.
Cuando faltaba poco, el Dios Hermes se presentó ante él y le dijo que le ayudaría dándole un extracto de una planta que debería verter sobre la comida que la hechicera Circe le ofreciera y además cuando intentara tocarle con la varita que convertía humanos en animales debía simular que la atacaba. Ella pediría clemencia y Ulises le debería hacer jurar por los dioses que no le haría daño.
Ulises aceptó el regalo del dios y prometió seguir sus indicaciones. Llegó finalmente al palacio y golpeó la puerta y nuevamente la bella hechicera Circe sabiendo quien era, le abrió y lo agasajo en el salón ofreciéndole toda clase de manjares mezclados con su pócima para perder la memoria. Pero a Ulises no lo afectó en lo más mínimo, pues había vertido el elixir sobre la comida.
A pesar de que Circe encontró a Ulises refinado y de agradable conversación, pensó que Ulises había perdido la memoria se acercó con su varita mágica y repentinamente Ulises se abalanzó sobre ella con su espada como si fuera a matarla.
Circe, entonces se arrojó a sus pies pidiendo que no la matara ofreciéndole hospitalidad verdadera, pero Ulises, recordando los consejos de Hermes le obligo a Circe a realizar el juramento. Pasaron largo rato hablando y encontrándose muy a gusto en compañía.
Circe realizó el juramento y luego lo agasajó con toda clase de manjares. Pero Ulises se negaba a comer y a beber, pues estaba muy triste por la suerte corrida por sus compañeros transformados en cerdos. Así que Circe liberó del hechizo a sus compañeros.
Los hombres reconocieron inmediatamente a Ulises y se abrazaron llorando de felicidad.
Circe alegre de presenciar tan cálido reencuentro, y todavía más interesada en Ulises mando buscar al resto de los hombres que se encontraban en la playa para darles un espléndido banquete.
Así, entre fiestas, festines y banquetes pasaron casi un año disfrutando de la hospitalidad de la bella hechicera, mientras Circe disfrutaba de la compañía de Ulises. Pero a pesar de tan buenos momentos, los hombres de Ítaca pronto volvieron a recordar a su patria y familias. Así que Ulises le pidió ayuda para volver a su isla.
Circe no puso impedimentos en su salida, además le proporciono un mapa que debían seguir. En este mapa se encontraban todos los peligros que encontrarían y si no seguían los pasos fielmente les advirtió que el único que podría llegar a Ítaca sería Ulises en solitario y tras muchas desventuras en un estado miserable.
A los tres días y después de despedir a Circe se lanzaron al mar en su nave, con la esperanza de llegar a su ansiado destino, ayudados por las suaves brisas favorables que envió la maga como despedida.









jueves, 20 de junio de 2024

20 de junio



 Día de la Bandera

Como cada año, este  20 de junio en Argentina se celebra el Día de la Bandera. La fecha se estableció para conmemorar el paso a la inmortalidad del creador de la insignia patria, Manuel Belgrano, quien murió ese día, en 1820. Belgrano fue una figura destacada del ciclo histórico y político que se abrió con la Revolución de Mayo. Fue abogado, político, militar, propulsor de proyectos económicos.

¿Cómo se creó la primera bandera?

La bandera celeste y blanca se enarboló por primera vez, durante las luchas por la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, en las Barrancas de las Ceibas, a orillas del río Paraná, junto a los soldados de las baterías Libertad e Independencia, que lideraba Manuel Belgrano, jefe militar del Ejército del Norte, destinado a resistir el avance realista desde el Alto Perú.
Esa primera bandera fue confeccionada a mano por María Catalina de Echeverría de Vidal, hermana de José Vicente de Echeverría, compañero de Belgrano en la misión al Paraguay. La primera versión tuvo solo dos franjas: una blanca por el lado del asta y otra celeste por fuera. El trabajo le demandó a María Catalina cinco días, en los que trabajó en colaboración con dos vecinas, cuyos nombres quedaron en el olvido.
La mujer además asistió a la ceremonia de jura, aunque no era común que las mujeres participaran en ceremonias militares.
El 20 de julio de 1816, luego de la Declaración de la Independencia, los diputados Juan José Paso y Esteban Agustín Gascón, solicitaron que se aprobara su uso oficial: una bandera celeste y blanca con tres franjas horizontales.
Dos años más tarde, en 1818, se le incorporó el llamado Sol de Mayo, un sol como distintivo de reminiscencia incaica en el centro de la franja blanca. Es nuestra bandera oficial, pero estaba reservada a los edificios públicos y al Ejército. Hasta que en 1985, durante la presidencia de Raúl Alfonsín, se dictó la Ley 23.208 que estableció que solo existe una bandera para todos los argentinos y las argentinas, de manera tal que cualquier particular o empresa privada pudiera flamearla, como ocurre actualmente.




lunes, 10 de junio de 2024

Leemos juntos

 Título: La Odisea

Autor:  Homero


Resúmen

Capítulo II

Ulises y los cíclopes

Ulises vivió muchas aventuras extrañas en su largo viaje de regreso a  Ítaca, una vez concluida la guerra de Troya. En una de ellas, Ulises y su tripulación desembarcaron en una isla habitada por los Cíclopes, gigantes de un solo ojo que vivían en cuevas. Los hombres exploraron la isla en busca de provisiones y se internaron en la cueva del cíclope Polifemo.

Polifemo regresó con su rebaño de ovejas y cerró la entrada de la cueva con una enorme piedra. Cuando descubrió a los griegos, se comió crudos a dos de ellos en la cena y dos más en el desayuno. Los griegos estaban en una situación desesperada, porque ninguno de ellos era suficientemente fuerte como para mover la roca. Pero Ulises, célebre por su astucia, ideó un plan. Embriagó a Polifemo y, cuando éste preguntó por su nombre, Ulises le contestó que se llamaba "Nadie". A continuación, cegó el ojo del gigante con una estaca con fuego. Cuando los Cíclopes acudieron al  llamado  de Polifemo y le preguntaron quien le había lastimado, éste contestó: "Nadie está lastimándome", de modo que no  fueron en su ayuda.


Ulises y sus hombres escaparon sujetados al vientre de las ovejas, a las que  dejó salir al día siguiente. Ya a salvo en su barco, Ulises se burló de Polifemo, que lo maldijo. El padre de Polifemo obligó a Ulises a vagar por los mares durante 10 años.


lunes, 3 de junio de 2024

Leemos juntos

 Título: La Odisea

 Autor: Homero

Resumen

I

La vuelta de Ulises

En esta parte de La Odisea, se narra las aventuras que ha vivido Odiseo o Ulises desde su partida de Troya. Se relatan las luchas en el país de los cícones, y como éstos eran muchos y los navegantes pocos fueron vencidos.
Siguieron navegando afligidos por la cruel derrota y en medio de la tempestad. Después de reparar las naves y arbolar velas nuevas pudieron emprender el regreso a Ítaca. Continuaron navegando y llegaron al país de los lotófagos, los habitantes se alimentaban con la flor del loto que era tan dulce como la miel, pero que hacía olvidar el pasado y los proyectos del futuro.
Al descubrir la isla de los lotófagos Ulises ordenó a sus hombres que fueran para aprovisionarse. Los lotófagos les dieron agua y el fruto, los hombres de Ulises olvidaron todo y se tendieron en el suelo deseando quedarse para siempre en ese delicioso lugar y volver a saborear la flor de loto.