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En este espacio virtual compartiremos la información, el conocimiento, la reflexión y las novedades de nuestra Institución educativa.

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martes, 18 de noviembre de 2025

18 de noviembre

Recreo literario

 En el turno tarde se realizó una jornada de narración con la visita del Grupo cuentacuentos Entrelazadas, a quienes les agradecemos por ese aporte valioso al encuentro literario. Felicitaciones!!! a todos los participantes.
                                                                            







domingo, 24 de agosto de 2025

24 de agosto

 Día del Lector 

Se conmemora el 24 de agosto de cada año, en honor a Jorge Luis Borges, ya que se recuerda el aniversario de su nacimiento. El escritor es considerado uno de los más importantes de la historia, cuya obra y género propio traspasó fronteras para convertirse en clásicos de la literatura hispana.
Este día fue impulsado el 27 de julio de 2012, a través de la ley nacional 26.754, con el fin de reconocer a Borges por su gran aporte a la literatura. La fecha propone también acercar la lectura a todas las generaciones, como una herramienta clave para el desarrollo y estímulo mental.




miércoles, 13 de agosto de 2025

Bienvenidos a la lectura!!!

 




En el día de la fecha, se realizó la Jornada de Lectura espacio donde compartimos historias, cuentos, fábulas y poesías a través de las voces de los alumnos de 1er año a 6to año.
Agradecemos a la Directora Fernanda y a los siguientes alumnos por su valiosa participación:
Luz López, Veronica  Alves y Santino Lima  de 1er año
Alma Flores y Victoria Duarte de 2do año
Nicolás Caballero y Delfina Escobar  de 3er año
Lucía Fitipaldi de 5to año
Julieta Tucci y Valentina Romagnolli de 6to año

¡¡¡FELICITACIONES!!!

Algunos textos que se leyeron







lunes, 21 de octubre de 2024

Leemos juntos 1ro 1ra

Título:   A nadar con María Inés

Autora: Griselda Gambaro

Hoy terminamos de leer esta novela, donde la autora cuenta la vida de María Inés Mato, nadadora de aguas abiertas.

Recorrimos con María Inés, lagos, mares, canales y ríos. Compartimos su amor por el agua, cómo tratar el frío y ser canoa, cómo vencer el miedo de estar en la inmensidad del agua, conocimos a Fellini y Pinocho.

Además destacamos la voluntad y entereza de María Inés y que cuando nos sentimos débiles o que no podemos, debemos pensar como ella, con media pierna de menos, nos enseñó a caminar libremente, a nosotros que tenemos dos piernas enteras, pensemos en el agua donde sin saber nadar, con la imaginación y en compañía de María Inés nos deslizamos.


martes, 8 de octubre de 2024

Leemos juntos

Título: A nadar con María Inés

Autora: Griselda Gambaro

Compartimos momentos de lectura en voz alta (docentes y alumnos de 1ro 1ra) realizamos comentarios, ubicamos en el mapa planisferio los diferentes lugares que nombra la autora en el recorrido de María Inés. (Canal de la Mancha, Canal de Beagle, Mar Báltico, Río Paraná, Mar del Plata, etc.)



lunes, 23 de septiembre de 2024

Leemos juntos

 Título: A nadar con María Inés

Autora: Griselda Gambaro

En esta novela, la autora cuenta la vida de María Inés Mato, nadadora de aguas abiertas,  se desliza con cada palabra, junto a esta mujer valiente y tenaz en cada una de sus hazañas.

La pequeña María Inés creyó que, al perder su pierna en un accidente, su vida ya no sería la misma. Sin embargo, poco sospechaba ella que todo cambiaría para siempre dos años más tarde, cuando aprendiese a nadar y encontrase en el agua una aliada  compañera de aventuras.



martes, 10 de septiembre de 2024

Leemos juntos

Título: La Odisea
 Autor: Homero

Resúmen
Cap.XII 
Ulises en su patria
 
A pesar de los obstáculos en su camino, Ulises finalmente llega a Ítaca. Sin embargo, su apariencia ha cambiado drásticamente después de tantos años de guerra y viaje. Solo su leal perro, Argos, lo reconoce inmediatamente. A pesar de estar viejo y enfermo, Argos se arrastra hasta los pies de Ulises y mueve la cola para mostrar su alegría al verlo. Este emotivo reencuentro demuestra la lealtad incondicional de los animales hacia sus amos. Aunque Ulises está emocionado de ver a su perro, no puede revelar su verdadera identidad y debe seguir disfrazado como un mendigo. Por lo tanto, solo derrama una lágrima y continúa su camino, sin poder saludar a Argos adecuadamente.
Después de este encuentro, Argos muere, simbolizando la lealtad absoluta y el sacrificio de los animales por sus dueños. Después de reunirse con su perro, Ulises continúa su camino hacia el palacio de Ítaca, donde encuentra a un grupo de pretendientes que cortejan a su esposa, Penélope, creyendo que él está muerto. Ulises, aún disfrazado como mendigo, planea vengarse de estos pretendientes y recuperar su lugar como rey. Con la ayuda de su hijo Telémaco y algunos aliados leales, Ulises lleva a cabo un plan para eliminar a los pretendientes y restaurar la paz en Ítaca. 
Finalmente, revela su verdadera identidad a Penélope, quien lo reconoce a través de una prueba que solo ellos conocen. Con su regreso triunfante, Ulises recupera su reino y se reúne con su amada esposa después de veinte largos años de separación. 
El regreso de Ulises a Ítaca es una historia épica de perseverancia, lealtad y amor. A pesar de todos los obstáculos en su camino, Ulises logra regresar a su tierra natal y reunirse con su esposa. Su leal perro, Argos, es el único ser que lo reconoce de inmediato, demostrando el vínculo especial entre los humanos y los animales. La Odisea de Homero es una obra maestra de la literatura clásica y sigue siendo relevante hoy en día. La historia del regreso de Ulises a Ítaca nos enseña la importancia de la perseverancia, la lealtad y el amor en nuestras propias vidas.












martes, 3 de septiembre de 2024

Leemos juntos

 Título: La Odisea

Autor: Homero

Resúmen

Cap. XI

Telémaco

En la ausencia de Ulises, numerosos pretendientes buscan casarse con la reina Penélope, ya que ella es la dueña de las riquezas del reino. Telémaco, demasiado joven e inexperto para hacer oír su voz en el gobierno de su reino, se queda sumido en la desesperación y la incertidumbre sobre el futuro de su familia.
Los comentarios sobre la desaparición de Ulises provienen de los propios pretendientes. Se toman la libertad de venir a comer y beber a la corte de Ulises todos los días, negándose a marcharse a pesar de las protestas de Telémaco. 
En esta oscura situación, Atenea decide ayudar a Telémaco y guiarle por el camino para encontrar a su padre.
Telémaco sigue las instrucciones de Atenea y prepara las provisiones para el viaje. 
Telémaco le pidió a la nodriza que no le dijera nada a su madre hasta que se haya alejado y ella prometió obedecer. Cuando la noche envolvió la Tierra en su manto negro, la diosa Atenea fue a buscar a Telémaco y lo condujo hasta la nave.
Al día siguiente desembarcaron en una isla donde sus habitantes los recibieron muy bien, pero no supieron darles noticias de Ulises.
Mientras tanto en Itaca, los pretendientes de la reina echaban de menos al príncipe, imaginaban que estaría de caza y aguardaban su regreso. Penélope que no sabía nada del viaje, se inquietaba y lloraba por no tenerlo cerca.
Mientras los nobles se hallaban jugando delante del palacio, llegó el hombre que había proporcionado el navío a Atenea, quien para pedírselo había tomado la forma de Telémaco, y dijo:
_¿Todavía no a vuelto Telémaco? Necesito emprender un viaje y es preciso que me devuelva mi nave.
Con esto supieron los pretendientes de la reina que el príncipe se había embarcado y hacía varios días. Se enfurecieron los nobles y se embarcaron para ir en busca de Telémaco, al que pensaban matarlo.
Penélope enterada de lo que ocurría, lloraba y reprochaba a sus esclavas por no haberla informado del viaje de su hijo. Entonces la anciana nodriza le dijo:
_Sólo debes reprocharme a mí y hasta matarme. Yo sabia la intención del príncipe, pero él me obligó a que no te diría nada para no verla sufrir. No temas que la diosa Atenea lo acompaña y cuida de él.
Mientras los pretendientes de la reina, avanzaban en una nave armados y dispuestos a dar muerte al joven príncipe. Desembarcaron en una isla por donde deberían pasar todas las naves que volvían a Ítaca y allí aguardaron a que llegara Telémaco.



martes, 27 de agosto de 2024

Leemos juntos

 Titulo: La Odisea

Autor: Homero

Resumen

Cap. X

La tela de Penélope

Transcurrieron largos años antes de que el héroe regresara a su patria. mientras en Itaca, el pequeño Telémanco iba haciendose hombre.

Como Ulises tardaba tanto en volver, y el reino era muy rico y la reina muy hermosa, los nobles de la corte ambicionaban que Penélope pudiera casarse con uno de ellos. Quienes pretendian posesionarse de los bienes y de las tierras del rey.

Los nobles fueron a instalarse en el palacio y permanecieron allí largo tiempo, comiendo, bebiendo y disfrutando de las riquezas de Ulises. Como cada día le exigían que se decidiera por uno o por otro, estaba muy afligida y resuelta a aguardar a que Ulises volviera, imaginó un plan para aplazar indefinidamente su respuesta a los nobles.

Penélope instaló un telar y comenzó a tejer una hermosísima tela y les dijo a los pretendientes que no podía darles ninguna respuesta hasta que no termine de tejer la tela. Trabajaba todo el día, pero al llegar la noche deshacía el tejido. Así la labor no avanzaba ni un punto.

Cierto día, mientras Telémaco se encontraba apoyado en la puerta con tristeza, vió llegar a un extranjero hermosísimo, con traje de guerrero, todo de oro y plata. El recién llegado era la diosa Atenea, que fue a Itaca para ayudar a Telémaco.

_Bienvenido seas a mi casa, extranjero_ dijo el joven. Le sirvieron manjares y deliciosos vinos en vajillas de oro  plata, mientras los pretendientes de la reina alborotados jugaban y reían en la estancia contigua.

Telémaco preguntó a Atenea, dime tú, extranjero, que vienes de tierras lejanas, ¿has visto alguna vez a mi padre? ¿Sabes acaso si ha muerto o si aún vive?

La diosa Atenea le contestó: _Tu padre vive aún. Yo lo he visto y ahora se encuentra en una isla lejana, pero no tardará en volver a su patria.

Telémaco al oir la feliz noticia, le contó lo que le sucedía a su madre y a él, y la desgracia que eran para ellos la codicia y la desfachatez de los cortesanos.

La diosa le dio consejos: _Es preciso que actúes como tu padre  lo haría en tu caso. Mañana, anuncia a los nobles tu resolución de que abandonen esta casa. Sé valiente, la diosa infundió ánimo y valentía en el joven.

Telémaco agradeció y le pidió que se quedara en el palacio y que aceptase un magnífico regalo.

Pero Atenea se alejó  no quiso llevarse ningún regalo. 

Después con enérgica voz, Telémaco dijo a los pretendientes:

_No hagan más ruido por esta noche. Mañana nos reuniremos en el Consejo y trataremos los más graves asuntos.

Al día siguiente cuando llegaron los nobles, Telémaco se levantó para hablar y recriminando a los nobles pretendientes de su madre, derrochando lo ajeno en la casa de un mujer indefensa y de un niño débil.

Reinó un profundo silencio, sorprendía a los nobles la energía del joven. Uno de ellos se levantó para contestar a Telémaco:

_Tu madre, es la única que merece tus reproches. Ahora ya no puede engañarnos, pues conocemos su ardid.

_Hasta que Penélope no se decida a casarse con uno de nosotros, no nos moveremos del palacio.

Entonces el joven les aseguró que se embarcaría para ir en busca de su padre. Y fue preciso disolver el Consejo.



sábado, 24 de agosto de 2024

Día del lector



El Día del Lector se celebra cada 24 de agosto en la Argentina, en recuerdo del nacimiento de Jorge Luis Borges, uno de los escritores más reconocidos de la historia. La extensa obra de Borges impulsó un nuevo género fantástico en la región, al combinar recursos del ensayo en sus cuentos.
El Día del Lector invitamos a acercarse a la literatura, conocer los diferentes autores y géneros disponibles en nuestra biblioteca.

martes, 20 de agosto de 2024

Leemos juntos

 Título: La Odisea

Autor: Homero

Resúmen

Cap. IX

Ulises entre los feacios

Ulises ingresó a la ciudad de altas murallas. Admiró el hermoso puerto, donde estaban ancladas numerosas naves. Atravesó por entre aquellas riquezas y llegó al vestíbulo donde se veían estatuas de oro macizo.

De prisa cruzó las salas hasta llegar a una donde la reina estaba hilando lana purpúrea, rodeada de sus doncellas. Se aproximó a ella e hincó una rodilla y le dijo a la soberana:

_He llegado hasta aquí, ¡oh reina!, a través de los mayores peligros que jamás hayan rodeado a un hombre . He sufrido mucho lejos de mi patria y de tu piedad aguardo los medios para volver a ella.

Luego los criados trajeron agua para que se lave las manos y prepararon una gran comida con los más delicados manjares.

Ulises de relató sus aventuras en Troya y en su viaje a su isla de origen Ítaca, y los reyes feacios ayudaron a a Ulises y tras conocer que era Rey de Itaca, el rey le rindió homenaje y le regaló una magnífica espada con puño de plata. Nausica contemplaba ahora al héroe vestido de púrpura y rodeado de majestad y grandeza, y pensaba que jamás había visto un héroe tan valiente y tan fuerte.

Los reyes de los feacios, pusieron un barco a disposición de Ulises y este fue llevado a Ítaca junto a varios tesoros de regalo. Ulises en el trayecto quedó dormido, y cuando llegaron los marineros no lo despertaron lo dejaron debajo de unos árboles envuelto en un  tapiz púrpura. a su lado pusieron los tesoros que el rey de los feacios le había regalado.

Al despertar Ulises pensó que lo habían traicionado pero ahí se le apareció  la diosa Atenea su protectora y le dijo, Ulises estás en tu tierra y te voy contar lo sucedido en Itaca desde que partiste a Troya.

lunes, 12 de agosto de 2024

Leemos juntos

 Título: La Odisea

Autor:  Homero

Resúmen

Cap VIII

Nausica

Nausica era la princesa de los Feacios, una bella, gentil y con mucha compasión joven que esa noche había soñado que tenía que acudir al arroyo cerca de la playa de su ciudad para lavar ropa, debía ir acompaña de un carro con mulas. Este sueño le fue inducido por la diosa Atenea.

                              

Nausica a la mañana siguiente con sus amigas y esclavas, se dirigió al arroyo cerca de donde dormía Ulises y con sus acompañantes estuvo lavando ropa. Una vez terminado las muchachas se bañaron y se pusieron a jugar con una pelota. Atenea hizo que la pelota cambiara de dirección y la corriente se la llevara rápidamente, todas las muchachas se pusieron a gritar.

                    

Este grito despertó a Ulises que cuando salió a ver qué pasaba, temeroso de que nuevo peligro se encontraría, asustó a las mujeres por su aspecto primitivo. Todas las chicas salieron corriendo a excepción de Nausica, que no tuvo miedo sino compasión de aquel pobre mendigo sucio y sin ropa.
Ulises explicó quién era y le ayudaron a lavarse y le dieron ropa, Ulises acompañó a la ciudad a Nausica quien intercedió para que sus padres lo recibieran.

martes, 6 de agosto de 2024

Leemos juntos

Título: La Odisea

Autor:  Homero

Resumen:

Cap. VII

Atenea, protectora

Las olas jugaban con la balsa y las vestiduras de Ulises estaban empapadas y cada vez se hacían más pesadas y lo arrastraban hacia el fondo.

Por fin pudo ponerse a flote y lo primero que hizo fue buscar con la mirada la balsa que danzaba cerca de él. con mucho esfuerzo logró agarrarse de ella y los vientos seguían zarandeando la embarcación.

Una hermosa ninfa que vagaba por ahí  se apiadó del héroe. Levantó vuelo sobre las aguas, se posó sobre la balsa y le dijo:

_Mucho te atormenta el dios del mar, pero su poder no puede hacerte morir. Cíñete mi velo a tu cintura, despójate de tus ropas mojadas, deja que la balsa sea arrastrada y arrójate al mar. Nada hacia la tierra y, cuando la toques arroja el velo al mar que él vendrá asta donde esté.

Ulises desconfió de la ninfa y de la bondad de los otros dioses. No siguió el consejo y decidió quedarse en la balsa mientras los troncos permanecieran unidos.

Pero el dios del mar envió contra la balsa una ola que al chocarla la destruyó. Los troncos flotaron dispersos. Ulises pudo asirse a uno y se subió y, en la desesperación decidió seguir el consejo de la ninfa.

Ulises nadaba y nadaba por el ancho mar. Atenea, la diosa de la sabiduría lo contemplaba apesadumbrada por sus sufrimientos y logró que casaran los vientos, excepto el del norte.

_Sopla, sopla a tu antojo, fuerte viento del norte_dijo la diosa de la sabiduría._Sopla hasta que el héroe toque con sus pies la tierra de los feacios. El héroe nadaba vigorosamente, después de cuatro días divisó tierra cercana. Era la isla de los feacios.

Se hallaba muy cerca de la tierra, se veían los arboles de los bosques que cubrían la isla, cuando lo asustó un ruido formidable. Era producido por las olas al chocar contra las rocas, porque la isla estaba rodeada de altísimos acantilados.

Ulises pensó, "Veo la tierra, al fin, pero esto es más doloroso, ya que no pasaré de estos lugares con vida ni jamás pisaré esas playas prometedoras.

Mientras Ulises vacilaba, una ola lo arrastró hasta donde era más feroz la arremetida de las aguas contra la roca. Con la inspiración de Atenea, Ulises nadó rápidamente hacia la roca y se aferró a ella esperando el choque del agua. La ola lo arrastró de nuevo, casi moribundo permaneció Ulises un momento dispuesto casi a dejarse morir, pero Atenea le inspiró otra idea feliz.

Nadando Ulises rodeó en busca de un lugar más apropiado para tocar tierra. Pero se encontró con la desembocadura de un río, Ulises afligido, suplicó al río que se apiadara de él y éste fue benévolo y sus aguas lo llevaron hasta la tierra.

Ulises estaba agotado y casi moribundo, tocó la playa pudiendo apenas sostenerse en pie y con mucho esfuerzo se acercó a la orilla rocosa, desprendió de la cintura el velo de la ninfa y lo arrojó al agua.

Ligero, ligero, el velo se deslizó sobre la corriente, se adentró en el mar... las aguas se abrieron para dar paso a la ninfa, que surgió de entre ellas y lo recogió, tras lo cual volvió a hundirse en el mar. Ulises derramando lágrimas de agradecimiento, besaba la tierra. Subió después hasta lo alto de la colina y llegó a un bosque donde habían dos olivos espesos que ni el sol ni la lluvia podían pasar. Allí se hizo una cama mullida y se echó a dormir.

Atenea, protectora del héroe errante, ordenó al sueño que fuese a cerrar sus párpados y le inspirara sueños gratos y dulces que lo compensaran de todas penalidades pasadas.

lunes, 29 de julio de 2024

Leemos juntos

 Título: La Odisea

Autor:  Homero

Resumen:

Cap VI

Ulises y Calipso

Ulises aferrado a los restos de su barco se dejó llevar por el oleaje.
El viento lo llevo hacia una hermosa isla cubierta de árboles frondosos.
Después de descansar varias horas tendido en la arena de la playa, decidió explorarla. Después de caminar un largo trecho, llegó hasta la entrada de una gruta cavada en la roca, de donde se desprendían dulces aromas de cedro y sándalo. A su entrada se podían ver dos hermosas parras con racimos negros y dorados.
El lugar era un paraíso. Se escuchaba el rumor de del agua proveniente de varias fuentes de agua cristalina.
En la gruta se hallaba la diosa Calipso, la de las preciosas trenzas y un cinturón dorado, tejía afanosamente. Era la diosa Calipso.
A pesar de su mala fama con los hombres, Calipso recibió a Ulises con cariño, prodigándole toda clase de cuidados que lo ayudaron a recobrar la salud, bastante deteriorada por las desdichadas aventuras que padeció.
Después de haber perdido a su nave y a sus hombres, Ulises no podía hacer otra cosa que permanecer al cuidado de la diosa. Pero a pesar de que la isla era un paraíso y que la diosa lo cuidaba con esmero, Ulises no podía ocultar su tristeza y pasaba largas horas del día en la costa con la vista perdida en el horizonte mirando al mar, añorando su patria.
Calipso al verlo tan apenado le preguntaba una y otra vez:-¿Qué te ocurre, Ulises? Bien sabes que si te quedas conmigo no deberás temer ni a las enfermedades ni a la muerte.
Pero Ulises, sin querer ser grosero con la diosa le respondía:-No le tengo miedo ni a las enfermedades ni a la muerte. Lo que yo deseo, es volver a ver aunque sea una sola vez más la isla de Itaca.
Calipso ofreció a Ulises comer y beber como un dios, la juventud, la inmortalidad todo para que quedara en la isla con ella. Así permanecieron ocho largos años.

                          

Atenea, la diosa de la sabiduría, que veía por un lado la tristeza de Ulises y por el otro, los pesares de su esposa Penélope y de su hijo Telémaco, decidió ayudarlo.
Entonces, Atenea se dirigió al monte Olimpo y en una asamblea relató al resto de los dioses las desventuras del héroe de Troya y la tristeza que lo embargaba.
Los dioses se apiadaron de Ulises y su familia y enviaron a Hermes a la isla de Calipso para solucionar el problema.
Hermes se encontró con Calipso, la diosa de las trenzas doradas, que lo agasajó con toda clase de manjares exquisitos. Después de disfrutar de un regio festín, Hermes le transmitió a Calipso el deseo de los dioses: Que le permitiera a Ulises regresar a su patria.
Calipso pensó que el pedido era injusto y le respondió: -¿Ahora se acuerdan los dioses de Ulises? ¿Acaso ellos no permitieron que sufriera toda clase de penurias?, Además yo no poseo nave alguna. ¿Cómo puedo mandarlo de regreso?
Pero Hermes, respondió con firmeza:-Si no envías a Ulises de regreso a Itaca, los dioses te castigaran duramente.-y voló nuevamente sobre los campos de regreso al Olimpo.
Calipso, rápidamente, buscó a Ulises, que como todos los días se hallaba llorando en la playa con los ojos puestos en el horizonte y le dijo:- No llores más, Ulises. Voy a permitirte regresar a tu patria.
Ulises, desconfiaba de las palabras de la diosa, pero ella lo condujo a un bosque donde crecían árboles fuertes y alcanzándole un hacha de dos filos y otras herramientas lo animó a construir una nave para llegar a su ansiado destino.
Mientras tanto, Calipso se puso a tejer una tela grande y fuerte para que usara de velas.
Ulises recobró la alegría perdida y prontamente se puso a trabajar con ahínco para construir una balsa lo suficientemente resistente como para alcanzar a su patria.
Después de varios días de trabajar sin descanso, la balsa estaba concluida y la botó a la mar cargada de ricas provisiones que la diosa Calipso, temerosa de la venganza de los dioses, le regaló para despedirse.
Poseidón tardó en enterarse de la salida de Ulises, pero cuando lo conoció montó en cólera y mando nuevas tormentas a atormentar a nuestro héroe.
Ulises no podía creer lo que ocurría. Una vez más la angustia se apoderó de él.
Llorando gritó: – Hubiera sido mucho mejor morir en la ciudad de Troya antes que pasar por todos estos sufrimientos.
Ni bien terminó de decir estas palabras, una ola gigantesca hizo girar la balsa destruyendo el mástil, lanzando al pobre Ulises al mar, solo quedando a flote un trozo de madera donde Ulises se aferró.

lunes, 8 de julio de 2024

Leemos juntos

 Título: La Odisea

Autor: Homero

Resumen

V

Nuevos peligros

Ulises guardó silencio sobre los siguientes peligros que acecharían a su tripulación, pues era temible pasar a través de Escila y Caribdis.
Temía que, si les contaba a sus hombres acerca de esos terribles monstruos, se aterrorizaran, dejarían sus remos y se arrojaran al mar. Así fue que mantuvo en secreto las advertencias de Circe.
Luego de abandonar las rocas erráticas, la nave debía pasar por un lugar muy angosto. A cada lado del mismo se levantaban dos rocas altísimas.
A la izquierda se elevaba una de ellas, de color negro, brillante y resbaladiza como mármol pulido, nadie podía treparla. Aún en los días más hermosos estaba cubierta por una nube negra. En frente tenía otra gran roca.
En esta roca negra y dentro de una cueva oculta, vivía Escila. Un monstruo fantástico con doce patas y seis cabezas de cuyas bocas asomaban afilados colmillos. Ladraba día y noche sin parar como un perro rabioso. Devoraba a cuanto animal pudiera acercarse y cada vez que un navío atravesaba el lugar se hacía un banquete, ya que cada una de sus cabezas podía engullir un marinero rápidamente.
Frente a la roca que servía de morada a Escila, se encontraba otra roca altísima a cuyo pie crecía un árbol muy tupido. Entre sus raíces, había una cueva y allí vivía Caribdis, otro terrible monstruo. Caribdis absorbía el agua del mar tres veces por día, haciéndola penetrar en su cueva. Luego lo devolvía otra vez al mar, pero todo lo que penetraba en la cueva, Caribdis lo despedazaba.
La hechicera Circe le había advertido: Tienes que elegir Ulises, entre la suerte de pasar al lado de Caribdis sin problemas pero con probabilidad de destrucción total, o por otro lado acercarte a Escila te hará mucho daño pero podrás continuar. Escila es inmortal y no la vencerás. Lo único que puedes hacer es huir a todo remo, lo más veloz posible.
Como el mar estaba tranquilo, intentaron pasar el paso angosto y cuando el barco estaba atravesando las rocas los marineros notaron el remolino de Caribdis y se acercaron a Escila para salvar la nave. Ulises, al oír los ladridos de Escila, se calzó la armadura y se ubicó en la proa de la nave, esperando que asomara sus cabezas, con la intención de enfrentarla.
Pero Escila era muy fuerte, lanzó sus seis cabezas y con un solo movimiento arrebató a seis marineros del puente. Los hombres gritaban y lloraban extendiendo sus brazos, suplicando ayuda sin que sus compañeros pudieran hacer cosa alguna para liberarlos de tan fatídica muerte.
Consiguió el barco de Ulises sobrepasar a Escila, pero el triste espectáculo de ver a sus compañeros morir dejó a los marineros en una profunda tristeza y la desolación. Habían perdido unos amigos y además conocían que las víctimas habían podido ser ellos.
Con el pesar de los hombres de Ulises, el barco se alejó de las rocas de Escila y Caribdis en busca de su añorada Itaca.
Tras pasar por el estrecho de Escila y Caribdis, y después de varios días de navegación, vieron una bonita isla llena de prados, cubierta de verde hierba donde pastaban con tranquilidad rebaños de vacas y ovejas.
Ulises reconoció que se hallaba ante la isla que guardaba los rebaños del Sol, de la cual la bella hechicera Circe le había hablado que si él o sus hombres matan una sola de las vacas del sol, una maldición caerá sobre la nave y sus marineros y aunque logres salvar tu vida, tus compañeros morirán y si logras volver a Itaca, lo harás en un estado lamentable.
Ulises quiso seguir de largo pero algunos de sus hombres comenzaron a protestar estamos cansados y agotados, necesitamos unos días en tierra. El resto de los hombres se unió a la protesta y Ulises no tuvo más remedio que aceptar sus reclamos. Pero antes de desembarcar les hizo prometer que no tocarían ni una oveja ni una vaca del Sol.Las vacas del dios Helios
Los hombres le aseguraron que no tocarían los rebaños, ya que la hechicera Circe les había regalado abundantes provisiones para abastecerse durante mucho tiempo.
Esa misma noche se desató un terrible tormenta que duró más de un mes. Con el correr del tiempo las provisiones comenzaron a escasear y comenzaron a padecer hambre. La isla si bien era hermosa, ni la caza ni la pesca era suficiente como para satisfacerlos.
Un día en que Ulises se internó en el bosque, Euriloco, el cuñado de Ulises, comenzó a instigar a los hombres diciendo:- hemos sufrido toda clase de desgracias, pero no comprendo por qué tenemos que padecer hambre tambíen mientras pastan a nuestro alrededor todas estas magnificas vacas.
Podríamos sacrificar algunas terneras con la promesa de construir un gran templo al Sol ni bien lleguemos a Ítaca.
Los hombres, que ya venían arrastrando la escasez de alimento durante varios días se plegaron a la propuesta de Euriloco sin pestañear. Rápidamente prepararon el fuego algunos y otros sacrificaron unas terneras a las que asaron y luego se dieron un festín acompañado por el vino que les quedaba.
Ulises, que se había quedado profundamente dormido, en medio del bosque, despertó sintiendo un fuerte olor a carne asada y corrió hasta donde acampaban sus hombres. Allí, horrorizado comprobó que el daño ya estaba hecho y no había nada que pudiera hacer para remediar el mal.
Todos fueron testigos del más horripilante acontecimiento. De la carne de las vacas asadas, surgían mugidos de dolor y los cueros que habían quedado, se contorneaban y retorcían, mientras por todas partes se escuchaban tristes lamentos de vacas.
Al cabo de seis días, el tiempo mejoró y Ulises decidió que era el momento de zarpar y alejarse de la isla.
Cuando se encontraron en alta mar, una nube negra se posó sobre la nave y parecía que la tempestad estaba dirigida exclusivamente a ella. Un rayo partió el mástil en dos y al caer arrastró al timonel hacia las aguas embravecidas del mar, al mismo tiempo comenzó a prenderse fuego, la nave giró hacía un costado y todos los hombres, excepto Ulises, cayeron al mar.
El héroe de Troya se aferró con todas sus fuerzas a lo que quedaba de la nave, sin poder luchar, solo dejándose llevar por las enfurecidas aguas.
Los vientos huracanados, hicieron retroceder la nave nuevamente, hasta donde se encontraban los peligrosos monstruos de Escila y Caribdis. Cuando Caribdis con su remolino, comenzó a tragar las aguas y a la destruida nave, Ulises, de un salto, se aferró a una rama del árbol que se hallaba a la entrada de la cueva de Caribdis, y, cuando el monstruo, devolvió la nave al mar, de un salto. Se aferró a lo que quedaba del mástil, logrando sortear esa contingencia con éxito. Escila, por suerte, no salió de su cueva y pronto, Ulises se vio liberado de esos dos peligros.
Pronto se encontró Ulises, solo en alta mar a merced de los vientos, viendo más lejana la posibilidad de volver a su patria con vida.
Cuando ya no podía más, cuando se abandonaba a la voluntad de los dioses, el trozo de mástil chocó contra la orilla de una isla. 
Esta isla pertenecía a la hermosa diosa Calipso a quien temían todos los hombres.

lunes, 1 de julio de 2024

Leemos juntos

Título: La Odisea

Autor: Homero

Resumen:  

IV

Ulises y las sirenas

Ésta era una isla bellísima, solitaria en medio del océano habitada por sirenas, éstas eran crueles y permanecían sobre la pradera o la orilla del mar, cantando dulcísimas y atrayentes canciones. Los marineros que pasaban por ahí no podían resistir la tentación. Los barcos golpearían las rocas que cubrían el mar, cayendo los marineros al agua y siendo fácilmente vencidos por las ágiles sirenas para luego ser devorados en tierra. A las sirenas le gustaban guardar las calaveras como trofeos de sus victorias antes los hombres.
Cuando Circe le mostró el mapa a Ulises le advirtió expresamente sobre las sirenas y le comento que el hombre que escuchara la canción de las sirena, nunca volvería a salir de la isla ya que no regresaría y no podría encontrase con sus seres queridos que lo esperaban.
El barco de Ulises se acercaba rápidamente a la isla de las sirenas, impulsado por una suave brisa, pero las sirenas que también conocían un poco el arte de la magia con un conjuro pararon el viento y los hombres tuvieron que remar para poder avanzar aunque fuera lentamente..
Como un vago eco a la distancia resonaba un canto, Ulises conociendo donde estaba rápidamente tapó los oídos de sus hombres con cera  y luego les ordenó que lo amarraran con fuerza al mástil del barco y que por más que gritara y suplicara no lo desataran por nada del mundo. Luego les dio instrucciones de remar sin parar para ir escapando de la isla y dejarla atrás.
El barco comenzó a deslizarse junto a la isla y las sirenas cantaban más fuerte sus canciones para atraerlos. Ellas sabían quienes eran los viajeros y le gritaban con voz preciosa – Ulises acércate, ven a escuchar nuestras canciones. Ven, Ulises vencedor en Troya te cantaremos lo que desees.
Ulises sucumbió al poder de las voces y sintió una imperiosa necesidad de acudir a ellas. Además, podía ver a las hermosas sirenas, tendidas en las costas de las islas, algunas sobre la arena de la playa, otras entre las flores al borde del mar y otras sobre rocas. Ulises, lloró de desesperación, grito, pataleó, rogando a sus hombres que lo dejaran libre para reunirse con ellas.
Como los hombres tenían sus oídos tapados con cera no sufrieron el efecto del hechizo de la voz de las sirenas y en vez de soltar a Ulises, lo ataron con más fuerza contra el mástil mientras él luchaba con todas sus fuerzas para soltarse.
Los marineros asustados remaron con tanta fuerza, que pronto se encontraron lejos de esa traicionera y peligrosa isla. Una vez en alta mar con Ulises recuperado, los marineros desataron a Ulises y se quitaron los tapones de los oídos. Habían conseguido pasar otro reto en su odisea, la isla de las sirenas.
Pero les aguardaba otro de los numerosos peligros que Circe le había advertido: Las Rocas Erráticas, unas rocas que se movían en medio del mar y con las que se podía encallar fácilmente por no decir hacer zozobrar los barcos.
Los marineros estaban aterrorizados, pero no les quedaba más remedio que pasar a través de ellas, pues el viento las llevaba hacia estas rocas erráticas.
Ante el peligro que los esperaba Ulises utilizo les habló y animó a sus compañeros: -No se desanimen hombres de Ítaca. Hemos atravesado muchos peligros. Recuerden al temible Polifemo. Pensamos que moriríamos y aquí estamos. Solo cumplan mis órdenes y verán que todo saldrá bien.
Circe, la hechicera le había aconsejado: Cuando deban atravesar las rocas erráticas, deben hundir los remos en el agua a gran velocidad y al mismo tiempo controlar el timón para que la nave se mantenga en línea recta, aunque parecieran que iban a chocar con alguna roca.
Esto fue lo que indicó Ulises y lograron sortear el peligro.







martes, 25 de junio de 2024

Leemos juntos

 Título: La Odisea

Autor: Homero

Cap. III

Ulises y Circe

Tras escapar de las tormentas enviadas por Poseidón como castigo, Ulises y sus hombres fueron a parar a la isla del Dios Eolo. Dios que dominaba los vientos. 
Ulises fue agasajado por Eolo, permitiendo descansar y reparar sus barcos por unas semanas.
Pero llego una ocasión donde Ulises le dio pidió a Eolo que les permitiera marchar pues llevaban varias semanas viviendo a su costa  y ansiaban ver a su familia. Eolo, entendió la situación y les permitió marchar, le dio un regalo, una bolsa de cuero de buey, donde había encerrado a todos los vientos y lo ató con un hilo de plata, solo dejo fuera al viento que lo llevaría hacia su tierra Ítaca.
Ulises se despidió muy agradecido del viejo Eolo, decidió descansar y se fue a dormir.
Los hombres de la tripulación empezaron a hacerse todo tipo de preguntas y cuestiones entre ellos. Algunos decían que llevaba un tesoro formidable y que no quería compartir con nadie. Los hombres cada vez más curiosos se acercaron a agarrar la bolsa de los vientos y con mucha premura lo abrieron para satisfacer su curiosidad, lo cual provoco unas grandes ráfagas de vientos los cuales levantaron grandes olas y tormentas que por unas horas de rápida navegación a la deriva los llevo de vuelta a la isla de Eolo.
Los hombres arrepentidos pidieron a Ulises que hablara de nuevo  con el dios de los vientos y éste así lo hizo, pero  el trato de Eolo ya no fue el mismo. Eolo estaba escandalizado y triste por haber desaprovechado tal oportunidad de volver a casa, además si lo habían devuelto hasta su isla es porque los dioses estaban bastante enojados.
Ulises volvió a su barco abatido, sin conocer que rumbo tomar en busca de su ansiada tierra, esperando las adversidades que les enviarían los dioses contrarios a él.
Tras los tristes hechos de su pasada aventura y con solo un barco, abatidos por lo vivido, Ulises y sus marineros navegaron varios días hasta llegar a la isla Eea. Ulises pudo observar una columna de humo, era un signo de que alguien vivía allí y podría ayudarlos a conseguir provisiones.
Los hombres estaban temerosos y por ello se negaron, pero ante la insistencia de Ulises terminaron por acatar las órdenes.
Nombró a Euriloco jefe de la expedición y se internó en la isla con varios hombres. Luego de atravesar un bosque, se encontraron frente a un majestuoso palacio de piedra blanca pulida. En los alrededores del palacio, se paseaban gran cantidad de leones y lobos mansos como corderos juguetones, que al observarlos los rodearon festejando la llegada de los visitantes.


Al acercarse al palacio, oyeron a una mujer cantando con una voz tan melodiosa que los dejó paralizados. Los hombres golpearon la puerta y la hermosa maga Circe les abrió, invitándolos a pasar.
Todos quedaron admirados de su hermosura y pese a las reticencias por lo ocurrido con la hija del gigante decidieron entrar. Circe, llevo a sus invitados a un lujoso salón donde los agasajó con suculentos manjares los hombres tenían tanta hambre que Circe les ofreció más comida, pero esta vez añadió un brebaje para hacerlos perder la memoria. Luego los tocaba con su varita mágica convirtiéndolos en cerdos para llevarlos a una pocilga.
Al recobrar la memoria los hombres se sintieron muy desdichados pues, aunque quedaron convertidos en cerdos físicamente, su inteligencia continuaba siendo humana. A los días Euriloco logró escapar y se fue corriendo a la playa donde esperaba Ulises.
Ulises, tras ver la desesperación de su cuñado por la forma que habían adquirido sus hombres. Buscó su espada y su arco y le pidió a Euriloco que le indicara el camino hacia el palacio de Circe.
Cuando faltaba poco, el Dios Hermes se presentó ante él y le dijo que le ayudaría dándole un extracto de una planta que debería verter sobre la comida que la hechicera Circe le ofreciera y además cuando intentara tocarle con la varita que convertía humanos en animales debía simular que la atacaba. Ella pediría clemencia y Ulises le debería hacer jurar por los dioses que no le haría daño.
Ulises aceptó el regalo del dios y prometió seguir sus indicaciones. Llegó finalmente al palacio y golpeó la puerta y nuevamente la bella hechicera Circe sabiendo quien era, le abrió y lo agasajo en el salón ofreciéndole toda clase de manjares mezclados con su pócima para perder la memoria. Pero a Ulises no lo afectó en lo más mínimo, pues había vertido el elixir sobre la comida.
A pesar de que Circe encontró a Ulises refinado y de agradable conversación, pensó que Ulises había perdido la memoria se acercó con su varita mágica y repentinamente Ulises se abalanzó sobre ella con su espada como si fuera a matarla.
Circe, entonces se arrojó a sus pies pidiendo que no la matara ofreciéndole hospitalidad verdadera, pero Ulises, recordando los consejos de Hermes le obligo a Circe a realizar el juramento. Pasaron largo rato hablando y encontrándose muy a gusto en compañía.
Circe realizó el juramento y luego lo agasajó con toda clase de manjares. Pero Ulises se negaba a comer y a beber, pues estaba muy triste por la suerte corrida por sus compañeros transformados en cerdos. Así que Circe liberó del hechizo a sus compañeros.
Los hombres reconocieron inmediatamente a Ulises y se abrazaron llorando de felicidad.
Circe alegre de presenciar tan cálido reencuentro, y todavía más interesada en Ulises mando buscar al resto de los hombres que se encontraban en la playa para darles un espléndido banquete.
Así, entre fiestas, festines y banquetes pasaron casi un año disfrutando de la hospitalidad de la bella hechicera, mientras Circe disfrutaba de la compañía de Ulises. Pero a pesar de tan buenos momentos, los hombres de Ítaca pronto volvieron a recordar a su patria y familias. Así que Ulises le pidió ayuda para volver a su isla.
Circe no puso impedimentos en su salida, además le proporciono un mapa que debían seguir. En este mapa se encontraban todos los peligros que encontrarían y si no seguían los pasos fielmente les advirtió que el único que podría llegar a Ítaca sería Ulises en solitario y tras muchas desventuras en un estado miserable.
A los tres días y después de despedir a Circe se lanzaron al mar en su nave, con la esperanza de llegar a su ansiado destino, ayudados por las suaves brisas favorables que envió la maga como despedida.









lunes, 10 de junio de 2024

Leemos juntos

 Título: La Odisea

Autor:  Homero


Resúmen

Capítulo II

Ulises y los cíclopes

Ulises vivió muchas aventuras extrañas en su largo viaje de regreso a  Ítaca, una vez concluida la guerra de Troya. En una de ellas, Ulises y su tripulación desembarcaron en una isla habitada por los Cíclopes, gigantes de un solo ojo que vivían en cuevas. Los hombres exploraron la isla en busca de provisiones y se internaron en la cueva del cíclope Polifemo.

Polifemo regresó con su rebaño de ovejas y cerró la entrada de la cueva con una enorme piedra. Cuando descubrió a los griegos, se comió crudos a dos de ellos en la cena y dos más en el desayuno. Los griegos estaban en una situación desesperada, porque ninguno de ellos era suficientemente fuerte como para mover la roca. Pero Ulises, célebre por su astucia, ideó un plan. Embriagó a Polifemo y, cuando éste preguntó por su nombre, Ulises le contestó que se llamaba "Nadie". A continuación, cegó el ojo del gigante con una estaca con fuego. Cuando los Cíclopes acudieron al  llamado  de Polifemo y le preguntaron quien le había lastimado, éste contestó: "Nadie está lastimándome", de modo que no  fueron en su ayuda.


Ulises y sus hombres escaparon sujetados al vientre de las ovejas, a las que  dejó salir al día siguiente. Ya a salvo en su barco, Ulises se burló de Polifemo, que lo maldijo. El padre de Polifemo obligó a Ulises a vagar por los mares durante 10 años.